BARRIO SANTA CRUZ DE SEVILLA
 

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Barrio Santa Cruz de Sevilla

Localización:
Ubicado en el centro de la ciudad está lleno de casas encaladas, señoriales, palacios familiares, humildes patios repletos de flores y sobre todo, leyendas, duelos, amoríos y recuerdos, encanto y belleza.

Historia
Tiene su origen en la antigua Judería sevillana, cuando el rey Fernando III de Castilla conquista la ciudad, se concentró en Sevilla la segunda comunidad judía más importante de España, tras la de Toledo.

Tras la expulsión de los judíos en 1483, el barrio que ocupaba lo que es el Barrio de Santa Cruz y San Bartolomé, cayó en picado, hasta que a principios del siglo XIX decidieron la reurbanización del barrio, siendo su estado el actual gracias a esa iniciativa.

Origen del nombre
En la actual Plaza de Santa Cruz estuvo antaño ubicada la parroquia de la Santa Cruz, que dio originalmente su nombre a este barrio. La iglesia, de estilo mudéjar, había sido construida sobre los restos de una sinagoga que se ubicaba en el mismo solar. Durante el gobierno de ocupación francés (1811) la iglesia fue derribada dentro de un plan de reurbanización de la ciudad y en el solar resultante se estableció la Plaza de Santa Cruz. La parroquia allí ubicada se trasladó al antiguo convento de los Clérigos del Espíritu Santo, que es actualmente la Iglesia de Santa Cruz, ubicada en la calle Mateos Gago.

Topología
Es un laberinto formado por estrechas calles y callejones como las viejas juderías para librarse del abrasador sol del verano sevillano, creando corrientes de aire fresco, que terminan en plazas que parecen alejadas del centro de la urbe, famosas son la Plaza de los Venerables llena de tascas y terrazas, toma su nombre del antiguo Hospital para Venerables Sacerdotes, según las habladurías, en esta plaza pudo haber nacido Don Juan Tenorio; o la que da nombre al barrio la Plaza de Santa Cruz que tiene en el centro una cruz de cerrajería del siglo XVII construida sobre la antigua parroquia mudéjar de Santa Cruz; la Plaza de las Cruces, pequeña y con tres columnas terminadas en cruces; la Plaza de Doña Elvira, elegante con sus azulejos y naranjos y una fuente y arriates con asientos de ladrillos y azulejos, antiguamente se utilizaba como Corral de Comedias, en esta plaza se rumorea que nació el amor imposible de Don Juan Tenorio, la mítica Doña Inés de Ulloa, al menos eso es lo que dice uno de los azulejos que existen en la plaza; la Plaza de los Refinadores existe una gallarda escultura del mítico conquistador de mujeres; la Plaza de Alfaro; la Plaza de la Alianza, antes conocida como Plaza del Pozo Seco, bordea la muralla; o el callejón del Agua, paralelo a las murallas, y por el que se traía el agua hacia los Reales Alcázares, y también fue hospedaje este callejón del escritor Washington Irving, como recuerda una placa hecha por Mariano Benlliure. Saliendo de este callejón nos topamos con los preciosos Jardines de Murillo, otro lugar con encanto de Sevilla. Otra de las salidas del barrio es el callejón de la Judería, que nos sitúa al final en el grandísimo Patio de Banderas que está formado por un casería que rodea el Palacio Real y sus murallas.

Respecto a las calles está la de las Cruces que tiene dos cruces de madera en una pared pintada de rojo; la calle de Santa Teresa, donde se encuentra la Casa Museo de Murillo y un convento de Carmelitas que data del siglo XVII fundado por la Santa de Ávila; y la calle de Lope de Rueda, que tiene varias mansiones, otras calles de menor relevancia pero no por ello menos bellas son la calle de la Gloria, la calle Mezquita, la calle Vida, la calle Pimienta, la calle Justino de Neve, la calle Jamerdana y la calle Susona, antes calle de la Muerte. Y una de las más famosas, la calle Mateos Gago, desde donde se puede contemplar una de las mejores vistas de la Giralda.

Arte:

Aledaño al barrio se encuentra la Iglesia de Santa María la Blanca del siglo XIV levantada sobre una antigua sinagoga, de estilo mudéjar, donde se puede contemplar un cuadro de Murillo representando a la Santa Cena, también está la Iglesia de Santa Cruz, construida entre los siglos XVII y XVIII.

Curiosidades:

* La primitiva Iglesia de Santa Cruz, que estuvo situada en el terreno que ahora conforma la Plaza de Santa Cruz, tiene el honor de haber sido el lugar donde fue sepultado Bartolomé Esteban Murillo, que vivió en este barrio. La actual Iglesia de Santa Cruz se encuentra en la calle Mateos Gago.

* En las plazas y calles señaladas, se puede encontrar inesperadamente alguna de las típicas casa-patio sevillanas, que conservan todo el encanto y tipismo del barrio, repleto de plantas y flores, que transmiten sosiego y frescor.

Barrio de Santa Cruz A pie
Este barrio de Santa Cruz era una parte de la antigua judería de Sevilla.

Recorrido
Empezamos la visita por el Patio de Banderas. Desde aquí parte la acodada calle Judería que nos introducirá de lleno en un barrio lleno de magia y leyenda: Santa Cruz. El callejón del Agua corre paralelo a los jardines del Alcázar; la casa número 2 nos ofrece uno de los patios más representativos de las mansiones señoriales sevillanas. Rodeado de columnas y repleto de polícromas macetas, despertó la imaginación de Washington Irving, cuya memoria se recuerda en una lápida de su fachada.

El callejón del Agua desemboca en la Plaza de Alfaro, con salida hacia los Jardines de Murillo; junto a ella se encuentra la plaza que da nombre al barrio, la de Santa Cruz, en cuyo centro se levanta una esbelta cruz de hierro, llamada de la Cerrajería. Allí se encuentra la antigua casa del arquitecto Juan Talavera, uno de los autores más importantes del regionalismo sevillano.

A través de la calle Mezquita llegaremos a una nueva plaza, la de los Refinadores, donde se halla la escultura de Don Juan Tenorio, uno de los más conseguidos mitos literarios que ha inspirado la ciudad de la gracia. El estrecho callejón Mariscal nos llevará a una de las plazas más recoletas de Sevilla, denominada de las Cruces por las tres que se alzan sobre sendas columnas clásicas de mármol.

Por la calle Cruces caminaremos hasta llegar a Ximénez de Enciso, en cuyo zócalo izquierdo se embuten grandes ruedas de molino. Al llegar a la altura de la calle Santa Teresa, penetramos en ella para visitar el Convento de San José del Carmen, donde se guardan valiosos objetos personales de la Santa andariega de Ávila, como el manuscrito de Las Moradas o su verdadero retrato pintado por Fray Juan de la Miseria. Justo enfrente del Convento se ubica la Casa de Murillo, donde vivió el más célebre de los pintores sevillanos.

Retornemos sobre nuestros pasos para adentrarnos por las callejuelas Lope de Rueda y Reinoso, hasta salir a las mismas puertas del Hospital de Venerables Sacerdotes. Fundado en 1675 por el canónigo D. Justino de Neve, en la actualidad es sede de la Fundación Focus. Cuenta con el que quizás sea el más bello de los patios sevillanos, diseñado por el gran arquitecto barroco Leonardo de Figueroa, en el que destaca su fuente circular rehundida en el pavimento. Su iglesia se estrenó en 1698, consagrándose en honor de San Fernando. Destacan en su interior las pinturas murales del presbiterio y sacristía, ejecutadas por Valdés Leal, mientras que su hijo Lucas emprendió las que cubren la bóveda y muros de la nave.

La calle Gloria nos conducirá a la Plaza de Doña Elvira, de atmósfera inimitable y donde se ubican comercios dedicados a artesanía: bordados, cerámica, abanicos, etc. Desde aquí, continuaremos hacia la Plaza de la Alianza, aledaña nuevamente a las murallas del Alcázar. Por la calle Romero Murube descenderemos a la plaza del Triunfo, presidida por el monumento a la Inmaculada. La madrugada de cada 8 de diciembre, esta escultura mariana, labrada por Lorenzo Collaut Valera en 1917, recibe el cálido homenaje de las tunas sevillanas. En uno de los flancos de esta plaza se encuentra la Casa de la Provincia, antiguo Hospital de Rey, con hermoso patio columnario interior.

Siguiendo la fachada oriental de la Catedral, nos toparemos con la Plaza de la Virgen de los Reyes, rodeada de construcciones de marcado cariz religioso. El Convento de la Encarnación, de monjas agustinas, formaba parte del extinguido Hospital de Santa Marta, una fundación del Arcediano de Écija Fernán Martínez, en 1385. Su pequeña iglesia presenta caracteres arquitectónicos medievales, que le prestan singular interés. Al salir, nos acercamos a la cercana plazuela de Santa Marta, que posee la fascinación de lo pequeño, de lo íntimo.

En la citada Plaza Virgen de los Reyes aparece la gallarda silueta del Palacio Arzobispal, residencia del Prelado de Sevilla. Traspasando su movida portada tardobarroca, obra de Lorenzo Fernández de Figueroa y Diego Antonio Díaz en los primeros años del siglo XVIII, nos adentraremos en sus dos bellos patios manieristas. Al fondo del segundo se abren las dependencias del Archivo General del Arzobispado, que reúne documentación eclesiástica de toda la Archidiócesis hispalense. Uno de los elementos más singulares de este palacio es su escalera de un solo tiro y tres tramos, diseñada por Fray Manuel Ramos en la segunda mitad del siglo XVII. Su esbelta cúpula está adornada con pinturas murales, debidas al ingenio de Juan de Espinal.

La calle Mateos Gago, con sus tiendas de souvenirs y restaurantes, constituye un importante foco turístico. Desde ella puede disfrutarse de una de las mejores vistas de la Giralda. Además, ofrece la posibilidad de visitar la Parroquia de Santa Cruz, cuya portada permaneció doscientos años sin concluirse, hasta que en 1929 la levantó el arquitecto Juan Talavera.

 

 

Viaje Virtual

 

 

 

 

 

   

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® Gonzalo Colmenares, Caracas, Venezuela